Club Aéreo Naval

Más que un pasatiempo, una pasión

Ubicado en la actualidad en Concón, el Club cuenta con una pista iluminada que funciona las 24 horas del día, todos los días del año.

Imagen foto_00000002Comenzaron en el Aeródromo de Rodelillo, a principios de la década de los ’70. Luego se trasladaron a la Base Aeronaval de El Belloto, lugar en el que operaron hasta 1991, donde por tercera vez cambiaron de casa a su ubicación actual, en el aeropuerto Viña del Mar, en Concón. Se trata del Club Aéreo Naval, organización que con sus cerca de 500 socios -80 de los cuales son pilotos– se prepara para celebrar un aniversario más.

El Comandante Wenceslao Fuentes, Capitán de Navío (R) de la Armada, es uno de los socios fundadores del Club Aéreo Naval. Tiene 39 años como instructor de vuelo y ha formado alrededor de 30 pilotos. Nos cuenta que para ser miembro solo es necesario ser miembro de la Armada así, de forma genérica, lo que implica que puede participar Gente de Mar, Empleados Civiles y Oficiales, sin distinción.

Una vez al año se realiza un curso, el que dura alrededor de 6 meses. A los 3 meses termina un primer módulo  teórico, que tras ser aprobado permite que los alumnos comiencen a volar. Luego, tras completar al menos 40 horas, los alumnos pueden rendir el examen de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC), organismo encargado de dar la licencia de pilotos a quienes están interesados. “El mínimo de horas de vuelo es de 40, aunque en general los alumnos se presentan a examen con más de las horas exigidas”, cuenta el Comandante Fuentes.

 

Imagen foto_00000004
Capitán de Navío (R) Wenceslao Fuentes

El sistema que se utiliza para enseñar a volar es el mismo que se usa en todo el mundo, generalmente en aviones CESSNA. El primer vuelo solo –donde el alumno ya no tiene la seguridad del instructor a su lado- se realiza normalmente entre las 14 y 20 horas de vuelo. Simultáneamente, se cursa el segundo módulo del curso teórico.

 

“El primer vuelo solo es un gran logro, y eso representa el 90% de aprender a volar: lograr aterrizar sano y salvo. Una vez que el alumno vuela solo de forma segura sólo le queda pulir y mejorar su técnica, pero el punto de quiebre es el aterrizaje”, enfatiza el Comandante Fuentes, agregando que “en mi experiencia, toda persona sana física y mentalmente puede aprender a volar. Unos se pueden demorar más o menos, costarle más o menos, pero todos pueden aprender”.

Antes de presentarse a examen, los alumnos tienen que hacer cuatro raids o circuitos de vuelo, dos al norte y dos al sur; el primero de cada uno es con instructor, para luego repetirlos solo. El raid al norte es hasta Pichidangui, va por la zona central y se devuelve por la costa, mientras el recorrido al sur llega hasta Pichilemu, sobrevolando o aterrizando, dependiendo de las condiciones climáticas, por las diferentes pistas disponibles. Estos raids tienen como objetivo pulir la navegación aérea. Una vez que los alumnos dejan de serlo y reciben su licencia de pilotos pueden participar en diferentes actividades que el Club realiza. Una vez al mes se hace una reunión de pilotos, durante la cual se realizan exposiciones por parte de los mismos pilotos acerca de temas específicos o por parte del personal de la DGAC o de la torre de control. Como la pista tiene iluminación –funciona las 24 horas-, ese día también se hacen vuelos nocturnos, haciendo circuitos sobre Viña del Mar, el río Aconcagua y Concón.

Imagen foto_00000003Los pilotos también aprovechan la primavera y el comienzo del verano para hacer raids a otros lugares: se juntan cuatro o cinco aviones y hacen circuitos a Rapel o a Chañaral de Aceituno e incluso hasta Puelo, en la Región de Los Lagos, durante algún fin de semana.

El Sargento 2° Miguel Reyes es enfermero y piloto, desde 2005. “Siempre me gustaron los aviones, desde niño. En una revista vi que existía este Club, averigüé, postulé y me hice socio. En estos 12 años me di cuenta que era todo lo que imaginaba, es un hobby muy profesional que demanda algunos sacrificios y bastante tiempo, pero se hacen buenos amigos. Mi familia y amigos de la vida también han disfrutado de la experiencia de volar, así que puedo decir que esto es mucho más que lo que había imaginado”.